La alternativa del ecosocialismo

Pedro Pierre|

Cada vez es más claro que no vamos a salir pronto de esta plaga del coronavirus. Vamos a tener que aprender a vivir con ella, como vivimos con el sida o la tuberculosis que estamos controlando para que no se vuelvan pandemia. Sobre todo hay que suprimir o, a lo menos, contener las causas de esta catástrofe mundial: el neoliberalismo ha sido y es incapaz de protegernos como lo estamos viendo… Tiene otros intereses. Es tiempo de sustituirlo. El ‘Eco-socialismo’ se presenta como una alternativa necesaria.

  1. SÍ HAY ALTERNATIVAS AL NEOLIBERALISMO

“La gente se está organizando para sobrevivir”… Es lo que está pasando en ese momento, o sea, un sinnúmero de familias está buscando la manera de superar el encierro, de vender o trabajar en algo para tener el pan de cada día. Tal vez la palabra ‘organización’ no sea la más adecuada, porque la organización supone varias personas que se unen para alcanzar algún objetivo común. Está bien que cada persona en edad de trabajar vaya encontrando la manera de ganarse el pan suyo y el de su familia: es necesario a corto plazo, pero no es suficiente a mediano y largo plazo.

La solución a la crisis actual no es sólo un asunto individual. Más bien la crisis es la consecuencia de una problema mayor: es todo un sistema que en vez de protegernos, no solamente se está desinteresando de nosotros sino ha provocado la crisis en la que nos encontramos. Da miedo pensar que mañana va a ser terrible: eso presentimos y no lo queremos decir. Por la pandemia y las medidas que está tomando el gobierno de los empresarios y banqueros, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) prevé para el Ecuador una recesión económica de 5% y un aumento de la pobreza en 10%, ¡como hace 15 años! No podemos regresar a la situación de antes, aunque sea eso que buscan los empresarios, banqueros y los que nos gobiernan.

¿Habrá una mayoría de ecuatorianos que quiere cambiar? O más bien se piensa: “Los otros tienen que cambiar… Las autoridades tienen que cambiar… El gobierno tiene que cambiar…”. El problema verdadero no son ‘los otros’ ni ‘las autoridades’ ni ‘el gobierno’: Es un sistema nacional y mundial perverso que nosotros mismos sostenemos aunque lo critiquemos. El problema somos nosotros que apoyamos este sistema que nos engaña, nos explota, nos esclaviza. Tiene la complicidad descarada de los medios comerciales de desinformación que pertenecen a los mismos empresarios, banqueros y grandes explotadores: nos mienten, nos engañan, nos confunden… para que nada ni nadie cambie.

En ese momento es preocupante el silencio de la mayoría: hay poca expresión pública de nuestra inconformidad y preocupación. ¿No será para acallarnos que nos han encerrado? ¿Dónde están las protestas de los jóvenes, de las mujeres, los campesinos, los obreros, los indígenas, los sindicatos…? Tal vez en las redes sociales… Por una parte está muy bien: pero ¿cuántas personas alcanzamos mediante nuestro celular y nuestras redes, frente a los 17 millones de ecuatorianos? Nos enfrentamos a estructuras organizadas por el sistema neoliberal que corrompen el Estado y las instituciones estatales, las cuales, en vez de protegernos, protegen y enriquecen a sus dueños con nuestros impuestos y a costa nuestra.

Por este motivo la reacción no puede ser solamente individualista. Si de estructuras se trata, contra esas estructuras hay que luchar para sustituirlas por otras que nos beneficien. Y allí sí, se necesita de organización, de muchas organizaciones. “Los pobres desorganizados serán castigados”: lastimosamente es lo que está pasando en este momento.

Por este motivo hay que encontrar otro proyecto social que no sea manejado por el 1% de la población, sino por la mayoría, o sea, por un pueblo que tiene conciencia de clase, que analiza lo que está pasando poniendo el dedo sobre las causas y que decide organizarse para vivir de otra manera. Ese es el cambio que necesitamos en este momento afín de no recaer en las garras del monstruo que nos lo arrebata todo, hasta la vida, lenta y violentamente.

¿La rebaja del presupuesto educativo será un motivo para que los jóvenes, directamente afectados, retomen la organización y emprendan la lucha?… junto a las mujeres que van a ser las más golpeadas, los campesinos más explotados, los indígenas más marginados, los jubilados más olvidados… La propuesta de ley económica calificada de ‘humanitaria’ que está por última semana en la Asamblea Nacional está clara: el 65% de los recursos para financiar las medidas para la recuperación económica provienen de aportes de sueldos y salarios de trabajadores y empleados públicos y privados y no de los bolsillos y chequeras de los privilegiados que se han beneficiado de las políticas económicas del nuestro gobierno neoliberal. Es este sistema de saqueo de los empleados y trabajadores, y de aniquilación de los pobres que hay que sustituir.

¿Quién tiene la solución? Nosotros somos la solución y nadie más… ¿Estamos convencidos de esto, de nuestra capacidad, de nuestra dignidad? Aunque no sepamos bien lo que hay que construir, sí, esta pandemia nos ha mostrado y demostrado lo que hay que destruir o a lo menos dejar de apoyar, por nuestro propio bien. La lucha no está ganada, pero acabo de leer la conocida frase de Bertold Brecht: “El que lucha puede perder. El que no lucha ha perdido ya”.

Unos líderes de movimientos sociales nos dicen que el camino hacia una nueva sociedad pasa por el ‘eco-socialismo’. ¡Nueva palabra, nueva esperanza! Pero para que sea efectivamente ‘buena noticia’, depende de nosotros: ¿Nos hemos enterado? ¡No hay peor lucha que la que no se libra!

  • ECOSOCIALISMO: NADA SIN LA NATURALEZA

¿Habremos perdido el miedo al socialismo? Tal vez sí, por ver la brutalidad mortal del neoliberalismo, especialmente en Ecuador con las medidas que toma el gobierno. Estados Unidos, capital del neoliberalismo, no logra controlar el coronavirus… a pesar de todos los dólares y las tecnologías que tiene. China ha controlado la pandemia y Cuba envía sus médicos a China, Italia, Brasil y unos 20 países más. El chip del socialismo malo y del capitalismo bueno tenemos que echarlo a la basura…

Nuevos proyectos alternativos de sociedad están viendo la luz del día. Ya es evidente la perversidad del sistema neoliberal. El papa Francisco, en su Carta apostólica sobre el Cuidado de la Casa común está tajante. Lo califica así: “un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso”, exclusivamente basado en “el principio de maximización del beneficio”, responsable a la vez de la injusticia social y de la destrucción de nuestra Casa Común, la Naturaleza. El presidente francés, formado en las Escuelas norteamericanas neoliberales, cuestiona el mismo neoliberalismo por inhumano. Nos creíamos invencibles, omnipotentes, con los inmensos progresos de la ciencia y la tecnología. Y estas se muestran totalmente incapaces de controlar un minúsculo virus mortífero que se transformó en pandemia planetaria en unas pocos meses.

En estos últimos años científicos, Organizaciones defensoras de Derechos Humanos y de la naturaleza, Movimientos Sociales ya nos avisaban que íbamos a la catástrofe. ¡La Naturaleza quiso volver a respirar aire puro! Nos han hecho creer que el consumismo era la solución a todos nuestros problemas, que estos son asuntos materiales que las empresas y el mercado van a resolver: Estábamos llegando al fin exitoso de la historia, o sea, íbamos a tocar el paraíso en la tierra. Más bien nos llegó el infierno.

Cada vez más se nos habla de ‘eco-socialismo’, o sea, de un socialismo ecológico, en el sentido que no se puede hablar de organización social sin incluir el respeto, la defensa y la protección de la naturaleza. Ella es nuestra matriz: de ‘agua, tierra, viento y fuego’ hemos sido hecho. Ya el libro bíblico del Génesis nos hablaba del primer ser humano hecho de barro: “De la tierra fuiste sacado…” Al descubrir el cosmos, las estrellas y las galaxias, se ve que somos una misma unidad de vida y de destino: ¡Somos polvo de estrella que ha llegado a ser consciente de sí! Somos una misma unidad donde todo y todos estamos relacionados e interconectados.

Entre humanos, la comunidad da sentido a nuestra existencia: nadie está solo; las relaciones son nuestro modo de existir. El neoliberalismo es todo lo contrario: el individuo se salva sólo, la competencia exacerbada es la manera de sobrevivir, la espiritualidad es un apéndice inútil. Todo esto se ha desmoronado estrepitosamente en estos meses. Hay que volver al humanismo, o sea, el socialismo y la ecología. Eso es el eco-socialismo: Un nueva manera de vivir armoniosamente entre humanos y con la naturaleza, donde las personas valen más que el dinero, donde la relación es más importante que lo promoción individual, donde la comunidad es la manera de organizarnos, donde la dignidad humana vale más que la fantasía televisiva…

Sólo nos quedan unos pocos decenios para evitar el colapso de la vida, pues la cuenta regresiva ha comenzado hace unos 3 años. Vamos rumbo al suicidio colectivo si seguimos la locura del neoliberalismo. Durante esta cuarentena que se prolonga, hemos comenzado a vivir de otra manera: valorar la familia, compartir entre vecinos y con los más débiles, comer de otra manera, cuidar nuestra salud con medicina natural, tomar el tiempo de reflexionar, redescubrir la dimensión espiritual de la vida, rechazar el consumismo, valorar la organización… Continuemos en esta dirección para un cambio individual, colectivo y estructural: el eco-socialismo nos ofrece un camino que podemos abrir mancomunadamente, si no queremos que la vida en nuestro planeta desaparezca definitivamente. Esta pandemia es un aviso.

Escuchemos a los que nos abren caminos de esperanza a emprender juntos decididamente. El papa Francisco no deja de animarnos a despertar y caminar con los Movimientos sociales portadores de un porvenir mejor. Recordemos la historia bíblica de Sodoma y Gomorra: fueron ciudades destruidas por haber eliminado la hospitalidad de su manera de vida. Cuando huía la familia de Lot para salvarse de esa ‘pandemia’, su mujer quiso dar marcha atrás y volver al pasado: se transformó en estatua de sal. Hoy no podemos volver al pasado que nos ha conducido a esta catástrofe.

Tenemos que inventar caminos nuevos, reinventando el futuro cercano. Ya tenemos pautas para lograrlo.