Los free riders gubernamentales, el caso de Argentina y Ecuador

Analía Minteguiaga|

Muchas veces una anécdota dice más que un sinfín de complejos análisis. Sólo hace falta cierta mirada histórica y conectar los puntos que en el relato mediático aparecen aislados y descontextualizados.

Hoy mientras repasaba las noticias de la región, la tapa de los principales diarios argentinos mostraba que la Casa Rosada amanecía con un aro de básquet colgado en la fachada de la entrada principal, cual publicidad gubernamental. Esto se debe a que el día domingo 15 de septiembre la selección argentina de basquetbol salió bicampeona en el certamen mundial de este deporte (China, 2019). Esto me retrotrajo automáticamente a una escena casi idéntica que se vivió en Ecuador cuando el ecuatoriano Richard Caparáz ganaba el Giro de Italia en junio de 2019. El gobierno de Lenin Moreno se subió a la camioneta del éxito personal del atleta ecuatoriano, un deportista amateur que pudo realizar tal hazaña gracias al apoyo (además de su familia) de varias empresas privadas, la más destacada Movistar.

En la disciplina politológica se desarrolló una categoría conceptual para describir un fenómeno asociado a esto. Se trata de la figura del free rider, un concepto anglosajón que define a aquel o aquella que recibe un beneficio por usar un bien o un servicio sin pagar por este absolutamente nada. En español se lo conoce como el “colado, el viajero sin billete, el parásito que vive del esfuerzo ajeno, el polizón”. Es interesante como este concepto desarrollado para pensar el comportamiento ciudadano en el tratamiento de ciertos asuntos públicos, puede aplicarse también a los que ocupan los principales cargos dentro de las estructuras gubernamentales.

Por ejemplo, en Argentina Mauricio Macri llevó a cabo una política de destrucción sistemática de la responsabilidad estatal en el deporte. Primero, porque desde que asumió la presidencia en diciembre de 2015 recortó año tras año el presupuesto de la Secretaría de Deporte. Segundo, porque en enero de 2019 mediante un decreto de necesidad y urgencia dicha secretaria pasó a ser la Agencia de Deporte Nacional (ADN) lo cual no sólo implica una baja y deterioro de su importancia institucional y presupuestaria, sino que con esto se iniciaba una política ampliamente defendida por el macrismo de privatización de la actividad deportiva. La obsesión de Macri han sido las sociedades anónimas deportivas. Una concepción del deporte como negocio. Por eso, no sorprendió que luego del decreto aparecieran cual buitres interesados en adquirir los valiosísimos predios ligados al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD).

Recordemos que Macri fue capaz de transformar Ministerios históricos, con agendas programáticas claves en el bienestar de la población, en meras secretarias como la de Salud, Trabajo, Cultura, Ciencia y Tecnología. Luego en el año 2017, Macri derogó un artículo de la Ley de Creación del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) mediante el cual se financiaba el deporte amateur con el 1% de las facturas de telefonía celular que implicaba en ese año un ingreso de 200 millones de peso para becas y asistencia técnica a deportistas. Además, como estas facturas no se desajustaban a la inflación galopante de la Argentina macrista se mantenía un presupuesto que por las razones antes mencionadas resultaba vital para el funcionamiento de este sector.

Lo mismo sucedió con el gobierno ecuatoriano de Moreno Garcés, cual calco macrista estableció en junio de 2018 un decreto con el que dispuso que el Ministerio de Deporte se transforme en una secretaría; y no sólo eso, sino que dicha secretaria se trasformó en una dependencia del Ministerio de Educación lo que a las claras definió el tipo de compresión y reconocimiento que se le dio a la promoción y apoyo al deporte de alto rendimiento y a la formación de deportistas y técnicos. Parte de la explicación, a todas luces incompresible, es que así el deporte se conectaba a la educación física en planteles educativos y se garantizaba su inclusión en el currículum escolar.

Es importante indicar que, durante el gobierno precedente al de Moreno, la organización deportiva nacional creció y se institucionalizó no solo mediante la creación del Ministerio del ramo (lo cual supuso un significativo aumento de su presupuesto), sino también creando el Plan de Alto Rendimiento para apoyar a la élite deportiva nacional y estableciendo el Comité Paralímpico Ecuatoriano para desarrollar el deporte adaptado. Además, se financió el desarrollo de infraestructura física en todo el país para que dicho Plan pudiera concretarse.

De esta manera, más allá de las críticas que se pudieron hacer a las insuficiencias que aún presentaba la política en cuestión, estos hitos marcaron un antes y un después en el campo del deporte aficionado. Empero en el gobierno morenista este ámbito pasó a estar dentro de los sectores que debían aplicar la “austeridad fiscal” resignándose a los efectos del archiconocido “ajuste”.

Tras el triunfo de Richard Carapáz, en el Giro de Italia 2019, Moreno Garcés además de sumarse a cuanto acto, festejo y publicidad se hizo sobre dicho logro; demagógicamente anunció la quita de impuestos a la importación de bicicletas de competencia, al parecer para el gobierno por ahí pasaba el gran apoyo en términos de política estatal al deporte de alto rendimiento.

Más que meras coincidencias, en definitiva, esto devela una lógica de acción política compartida por dos gobiernos de derecha que propugnan la reducción de la acción y responsabilidades públicas en ámbitos fundamentales del bienestar y el desarrollo de las sociedades. También descubre por qué ambos resultan perfectos ejemplos de free riders gubernamentales aprovechándose de los beneficios que producen los esfuerzos “ajenos”, los esfuerzos de atletas que debieron alcanzar sus glorias a pesar de no contar con una política de Estado atenta a las necesidades reales del sector.