Negar padre y madre como estrategia política

Álvaro Samaniego|Comunicación|

Esta manera de actuar se usaba cuando era imposible evadir la responsabilidad en un acto no santo. A saber, si un joven estudiante era descubierto haciendo trampa en un examen, la estrategia aseguraba que si lo negaba todo tenía una oportunidad de salvar los huesos de la pena.

Por estos torbellinos que da la humanidad, la era de la revolución digital logró dos cosas: metió en la cabeza de los humanos llanos que lo que no está en internet no existe y que el mecanismo de negar padre y madre puede pasar del rango de sinvergüencería casera o doméstica a política de Estado.

Una de las ‘ayudas’ más eficientes que se desarrolló hace poco fue la posverdad, manosear la verdad de manera que extinguir de los buscadores (que ahora más o menos es como borrar de la historia) aquello que conviene silenciar.

Vamos, que ejemplos hay muchos, pero es a partir del momento en que los medios de comunicación privados toman una posición política abierta (contraria a las sutiles manipulaciones anteriores) que la estrategia adquiere una reacción atómica: cuando no se puede ocultar la realidad con la negación de padre y madre se usa la posverdad para crear engendros.

Un ejemplo fundamental es el siguiente: para las empresas periodísticas privadas, para el poder actual, para los operadores políticos y mediáticos, y para quienes todavía viven la somnolencia de la historia de «Michelena y el lobo», Paola Pabón, Prefecta de Pichincha electa y ya posesionada, se convirtió en la cara visible del regreso de los principios de la auténtica Revolución Ciudadana y contra ella había que apuntar carroña y misiles. Como no había modo de negar el contenido de su discurso de asunción de su cargo –el fondo fue sólido-, se lanzaron bombas de racimo contra la forma: el vestido. El vestido de Paola Pabón fue el giro que se usó para esconder una posición política que incomoda a la oligarquía y a las trepadoras clases medias (en este país habitado por arios, los “longos” Pabón y Yunda son, por decir lo menos, incómodos…). Y para no referirse a un discurso que tuvo lo suyo.

Y más por el estilo: la manera como se disimuló el intento del CPCCS transitorio de perennizarse fue acusar a quienes expresaron su protesta en voz alta de haber provocado el quebrando en la salud de su anciano presidente (¡a pesar de que no hay evidencia científica de que ello pueda suceder!).

De nuevo, como la desfachatez es tan profunda, se manosea la realidad con harto morbo, mientras públicamente se niega padre y madre.

Esto ha sido evidente con dos cuerpos legales aprobados en el fragor de mayo, mes de posesiones de nuevas autoridades y de informes a la nación. El primero, se aprobó la Ley de Adultos Mayores con la que se escondió la derogatoria, entre otras, la Ley Orgánica de Incentivos a la Producción y Prevención del Fraude Fiscal, una especie de “paquetazo” tributario que el legislativo pasó sin debate, reflexión, argumentación o explicación de su alcance para el bien común. Esconder en un cuerpo legal favorable a los ancianos una medida que alienta el no pago de los impuestos es sinvergüencería a grado extremo, pero negarán padre y madre, porque esa es la estrategia.

Ahora, la manipulación de la verdad tiene, también, un aliado al que se le está ordeñando sin piedad: los juegos de palabras. Dejar de llamar a las cosas por su nombre ha sido una vieja manera comunicacional de ser operadores comunicacionales eficientes para fines políticos.

La nueva gran cruzada de Richard Martínez se ampara en el concepto de monetización de los activos del Estado. Indudablemente, la palabra por extraña resulta atractiva para la mayoría de la audiencia. Pero, en el fondo, se trata de poner poesía tecnócrata a un hecho concreto: privatizar = entregar los activos del Estado para beneficio privado.

Un juego que arrastra a los que son y a los que no. En este gobierno existen técnicos que se la juegan por el país. En el mundo de los medios de comunicación hay periodistas que se la juegan por la verdad. Pero, en el primer caso, la espada de Damocles pende de sus cabezas con la cara de “persecución judicial Celi style”; en el segundo, periodista que no niegue padre y madre a través de la posverdad se irá a un desempleo prologado y doloroso.

Han negado, con el silencio, la actitud de rebelión durante la marcha por el Día del Trabajo, con ese mismo silencio han negado la flexibilización laboral, tanto como las trapacerías palaciegas o la disminución de fondos para las políticas sociales.

Con la misma posverdad han encubierto al FMI y encubrirán a la USAID. Con la misma desvergüenza negarán padre y madre para que no los culpen de haber hecho trizas el Ecuador.