24 febrero,2019

Ouija en la República del Agua Tibia (4)

Un remolino canino marca el compás de las concesiones y despidos masivos desde la última sesión de ouija..

Escampando del bombardeo mediático, de regreso a casa, sorteo a través de los audífonos el laberinto sin bozal del circo liberal, la justicia y la quimera de la “seguridad social”, como si en un esquema de ciudadanos individuos esto fuera posible. Toda sociedad es el territorio del individuo, sentenció para el proyecto globalizador atlántico-sionista hace siglos atrás, la paila Iusnaturalista.

Cabeceo en el tráfico civilizado a tope, cabeceo otra vez entre el sueño hipnótico y la vigilia exasperada del trasporte, entre tanto los politólogos, como para llenar el plato desde algún templo de culto a la mala literatura oral, patinan la coreografía discursiva entre lo social y lo político con algún ejercicio de adaptación binaria; un jugado artificio de alineación y balanceo político.

Pongo mute al micrófono de la academia mediática mientras los postes pasan y recuerdo a Laclau señalando que entre la construcción de lo político y lo social no existe una relación causal. De las clases sociales no se derivan necesariamente políticas determinadas, decía imbuido en las disquisiciones intelectuales de su época, mientras buscaba afanadamente superar los dogmatismos marxistas de la cátedra aséptica. Al proletariado no le corresponde necesariamente el socialismo o a la burguesía el capitalismo. Las opciones políticas se construyen y son irreductibles al cuco del caudillismo.

Sin embargo, en cada semáforo en rojo de este aturdido tráfico al “retorno a la democracia”, los “sabios” persisten en arrojarnos a la cara la telenovela barroca protagonizada por el supuesto antagonismo entre el Estado benefactor versus el anti estatismo-neoconservador. Viejo culebrón que data de la postguerra primermundista; de cuando las luchas entre partidos estatales autoritarios y “oposiciones democráticas”, configuraban uno de los ejes de la dramaturgia liberal moderna; un libreto que aterrizó poco a poco en el elenco generacional de turno de estas tierras ecuatoriales con dilatado eco e interpretación de bajo presupuesto.

Expuestos todos cíclicamente a los viejos principios liberales; en la República del Agua Tibia, llueven sobre mojado los derechos individuales y la “neutralidad política”; el sustrato mismo de la “legitimación democrática”. Esos “inapelables” Derechos Morales del individuo, en tanto propietario, que ponen ansiado límite al Estado en el orgasmo mismo de la autonomía moral y la dignidad humana. “Ciudadanos portadores de derechos de la libertad negativa”, diría la rancia teoría política.

El liberal de cualquier especie, incluso el espécimen “rabanito” (rojo por fuera y blanco por dentro), considera a la autonomía individual, el igualitarismo moral y el universalismo como inherentes a la idea de los derechos morales. De igual manera, coincide aquel sinuoso espécimen autodenominado “anarquista” (criollo anarco-barroco / libre-empresarial que jamás oyó de Zenón de Citio, menos de Bakunin o Kropotkin), cuya peculiaridad estriba en torno al  rol de pago, sobre todo, en las empresas privadas de opinión para planchar. Este elenco protagonizó el simulacro posmoderno periférico, de aún más bajo presupuesto, aquí en la República del Agua Tibia. Inundó la televisión apelando a la demagogia del nacionalismo artístico en defensa a ultranza del consumo de causas cool. En la tibieza colonial más agua tibia no marcaría la diferencia, aún si el señuelo es el reconocimiento ego-individualista y el método supone un pre-marketing intuido, desprovisto at infinitum de industria cultural y reproducción técnico/industrial del arte; eso sí, compuestos todos tras la máscara, con un alto grado de patriarcalismo retro y dramaturgia alcohólico-militarista.

El suero antiofídico en contra de este síndrome universalista abstracto, con todas sus caras incluso las más periféricas, no podría estar en otro lugar que en la supremacía empírica de lo colectivo sobre lo individual. En la comunidad como portadora independiente y particular de valores políticos, cívicos, de pertenencia y trascendencia.

Como caída del cielo, la noche se enciende y el tráfico queda detrás de la puerta, convertido en alimento triste para otros. La luz de “La Lámpara en la Tierra” ilumina bajo la mesa dispuesta con el tablero de ouija desordenado sobre ella: Antes de la peluca y la casaca fueron los ríos, ríos arteriales: fueron las cordilleras, en cuya onda raída, el cóndor o la nieve parecían inmóviles: fue la humedad y la espesura, el trueno sin nombre todavía, las pampas planetarias…; suena la voz de Neruda para espantar el empedrado.

Pienso que el tiempo no solo es circular sino que se muerde el rabo, en tanto el señalador titílela bajo esa misma mano que escribió “Carta Íntima Para Millones de Hombres”, que con cierta condescendencia, me advierte que aquí en la Real Audiencia es imperante romper el hechizo de la última novela de Arguedas.

Siendo todos a la vez “El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo”, estamos bajo peligro de morir devorados por la maquinaria de un sainete impuesto desde la ambigüedad del tiempo y las distancias del cerco mediático y más aún morir por no seguir escribiéndonos como civilización libre. Aquí no hay espacio para un guionista suicida, reflexiono en torno al desenlace de aquella última novela de Arguedas, en tanto toma lugar en la mesa, con traductor universal, Nikolái Gógol. Advierte seriamente que hay un ejército de perros consagrado a la macabra misión de Chíchikov, vagando todos, dispuestos a comprar “Almas Muertas” para mejorar su posición social, jaurías buscando hacerse de los derechos de propiedad legal y jubilación de los siervos muertos de esta Real Audiencia. Parecería que desde el siglo XIX a esta fecha no ha pasado nada más que smog.

Nikolái, con su mano lánguida, pone play en el señalador de la ouija que para entonces se ha transformado en una bocina de alta fidelidad. La atmósfera se carga y la mesa circular se convierte en un estadio con lleno total. El poeta Ian Curtis, un inspirado en Gógol, Kafka y otros espíritus inmortales canta desde los muertos que no pueden estar más vivos, interpretado en esta versión por Trent Reznor para los vivos que: …when figures from the past stand tall, and mocking voices ring the hall, imperialistic house of prayer, conquistadors who took their share… that keep calling me, …they keep calling me…