Por Diego Borja Cornejo

Fue soleada la mañana del domingo 24 de mayo de 1981 en Quito. Lo tengo grabado en mi memoria con una claridad que trasciende los cuarenta años que nos separan de ese día. Me contaba entre los estudiantes del último año de bachillerato reunidos en la cancha del Estadio Olímpico Atahualpa para rendir juramento a la bandera. Era el joven Presidente de la República Jaime Roldós Aguilera quien nos iba a juramentar. Durante el discurso del Presidente hubo momentos de enorme emotividad. Desde la tribuna, donde se hallaba acompañado por varios de los combatientes de la guerra de Paquisha, se refirió a la dignidad nacional que repelió la agresión de fuerzas militares del Perú a inicios de ese año. La gente aplaudió a rabiar. Era una muestra de apoyo al Presidente que se opuso a los intereses militaristas del Plan Cóndor y del gobierno de Ronald Reagan, que instigaron esa agresión y a quienes Roldós rechazó frontalmente. Hubo también una silbatina desde los graderíos cuando justificó las medidas económicas que condujeron a la Huelga Nacional convocada por el Frente Unitario de Trabajadores. Fui parte de los aplausos y de la silbatina. Asi como fui parte del grupo de estudiantes secundarios que salimos a protestar junto a los trabajadores, apenas 11 dias antes, el 13 de mayo, durante el día de la Huelga Nacional. Recuerdo que subíamos por la cuesta de San Juan, en el centro oeste de la capital, con varios compañeros del colegio Benalcázar de Quito. De repente, desde un mercedes benz negro, con la ventanilla abajo, al que quisimos detener, el Presidente Roldós nos saludó con su mano en ristre y los gritos de rechazo se convirtieron en algarabía de saludos al jefe del gobierno contra el cual nos estabamos manifestando. Roldós no le tenía miedo al pueblo.

El 16 de julio de 1978 ganó en primera vuelta con el 32 % de los votos. En segundo lugar quedó Sixto Durán Ballen con el 21 %, seguido por Raúl Clemente Huerta, con poquito menos del 21 %. Roldós tenía 37 años ese momento. Al conocer su triunfo con voz firme y pausada dijo: “la responsabilidad que miles de ecuatorianos han puesto en nuestras manos, no es para que vuelva a la etapa frustrante en que el pueblo elige y la oligarquía gobierna. Estamos decididos, inquebrantablemente decididos a que en esta hora histórica el pueblo ha elegido y el pueblo va a gobernar”.

Ni bien ganó la primera vuelta, se desató una guerra psicológica avivada por la derecha. Violencia brutal en los estertores de la dictadura. Por orden del entonces ministro de gobierno Jarrín Cahueñas fue asesinado el político Abdón Calderón Muñoz, que participó como candidato en la primera vuelta, que denunció los crímenes de la dictadura y que había anunciado el apoyo a la candidatura de Jaime Roldós. Con la atávica desvergüenza de los que se cobijan bajos las alas de los gobernantes ilegítimos, acusaron a Roldós de haber cometido fraude. Absurdo que se repite en la historia reciente. Quien no controlaba la institucionalidad electoral de la dictadura, era acusado de cometer fraude. Nueve meses después, tiempo de un parto doloroso de la democracia, Roldós gana la segunda vuelta con cerca del 70 % de los votos.

Recuerdo, como si fuera ayer, aquel 10 de agosto de 1979 cuando Roldós se posesionó como Presidente ante un Congreso, en el que por primera vez el primer mandatario, que no sabía hablar kichwa, dirigió en esa lengua un mensaje a miles de compatriotas indígenas. Mis padres, que en primera vuelta habían votado por el Frente Amplio de Izquierda, apoyaron a Roldós en la segunda y como millones de ecuatorianos estaban emocionados hasta las lágrimas por ese esperanzador retorno democrático.

Roldós cometió varios pecados contra el poder obscuro y sus designios, y fue condenado.

En la tarde de ese 24 de mayo, mientras se jugaba el partido de fútbol entre las selecciones de Ecuador y Chile por las eliminatorias al mundial, se anunció que el avión en el que viajaba el Presidente, su esposa y una comitiva presidencial se había estrellado. Recuerdo el impacto que eso me causó. No podía creer que ese joven presidente que nos había juramentado en la mañana estuviera muerto. Lloramos al enterarnos como si se tratara de un pariente cercano. La esperanza de la fuerza popular del cambio democrático que Roldós encarnó y que la llevó adelante dentro de los límites establecidos por la amenaza permanente del golpe de estado al que nunca dejaron de apelar las fuerzas conservadoras, se vio truncada.

Las obscuras fuerzas que se resistían a ceder ante lo nuevo y lo bueno, no dudaron en asesinarlo. Nunca a mis diecisiete años me creí el rápido relato que insistía en imputar el “accidente” a la “falla humana” del piloto. Y para desgracia del Ecuador, de mi generación, de la anterior y de las futuras, esa muerte no ha sido debidamente aclarada. La verdad siempre ha espantado a los culpables. Es como la luz de la que huyen los bichos y alimañas que viven en la obscuridad. Meses después, por presión de la opinión pública y de los familiares del Presidente, se formó una comisión dirigida por el Ex Presidente Otto Arosemena. Esta Comisión, contrató al Departamento de Investigación de Accidentes Aéreos de la policía suiza en Zurich, el cual determinó que los motores del avión estaban detenidos el momento del impacto, lo que confirmaba los señalamientos de sabotaje.

En la aritmética de los protervos intereses era fácil hacer las cuentas. No le iban a perdonar a Roldós la expulsión del Instituto Lingüistico de Verano (Summer Institute of Linguistics), por sus siniestra manipulación del pueblo Huaorani, en complicidad con las empresas petroleras transnacionales. Su visita como Presidente Electo a Nicargua donde el Frente Sandinista para la Liberación Nacional acababa de derrotar a la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza.  Su convocatoria a la firma de la Carta de Conducta por parte de los presidentes de los países de la Región Andina (Colombia, Perú y Venezuela), Panamá, Costa Rica y España, electos democráticamente, que proponía la defensa de los derechos humanos. Era un mensaje a las feroces dictaduras que en ese momento sometian a Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil. Su apoyo a las fuerzas insurgentes en El Salvador y su denuncia de la masacre al pueblo que ejecutaban Napoleón Duarte y los militares, en ese país. La condena del golpe de estado que derrocó al Presidente Siles Suazo en Bolivia. No le iban a perdonar haber impedido que el Ecuador sea parte del Plan Cóndor.

El Plan Cóndor fue una organización criminal de las fuerzas armadas de los países del Cono Sur. El cable secreto desclasificado número 3952081(86) del 14 de Febrero de 1978 de la CIA (Central de Inteligencia Americana), reveló que el Comando Conjunto de la Fuerzas Armadas del Ecuador —denominado “Cóndor 7”— se incorporó, de forma encubierta, a este Plan en enero de 1978, asignándole tareas de telecomunicaciones.[1] Esta revelación apareció en esa esclarecedora película documental sobre “la muerte de Jaime Roldós”, del cineasta ecuatoriano Manolo Sarmiento, que ha ganado dieciocho premios internacionales.[2] Ese mismo documental recoge el testimonio del General Richelieu Levoyer, comandante del ejercito durante la presidencia de Roldós, donde cuenta que él y el Ministro de Defesa, Marco Aurelio Subía, que pereció junto al Presidente ese aciago 24 de mayo, se negaron a firmar un documento militar en Bogotá, que implicaba que las Fuerzas Armadas ecuatorianas, plegaran de manera frontal al “Plan Viola”, del general que comandaba la Junta Militar genocida en la Argentina. De acuerdo a Levoyer, no resulta una coincidencia que quienes se negaron a firmar (Ecuador, Panamá y Perú) ese acuerdo represivo, que elebaba a estatuto de acuerdo internacional la violación de los derechos humanos, hayan sufrido retaliaciones definitivas. En poco menos de tres meses murieron el Comandante General del Ejercito del Perú, General Rafale Hoyos Rubio (5 de junio de 1981), el General Omar Torrijos Herrera, Presidente de Panamá (31 de julio de 1981) y Jaime Roldós Aguilera (24 de mayo de 1981).

La derecha, a cuyos voceros Roldós les llamó los “patriarcas de la componenda”, le declararon la guerra desde el principio. Ante la amenza de un gobierno que no se someta a sus designios, el golpe de Estado siempre era una posibilidad. Sin embargo, en la coyuntura de finales de la década de los setenta, una vez que el Ecuador había retornado a la democracia, esa derecha no tenía la anuencia de la Casa Blanca ocupada por Jimmy Carter, que condenaba a las dictaduras de América Latina, violadoras de los derechos humanos.

Las cosas cambiaron con la llegada del ultraconservador Ronald Reagan en enero de 1981. Roldós rechazó la invitación a la toma de posesión de Reagan por su programa anti derechos humanos y por su política favorable a la intervención militar en Centro América.

Oficialmente la duda ensombrece la muerte de Jaime Roldós. Sin embargo, los signos de que fue un asesinato por ser incómodo a los grandes intereses en el país y en la región no dejaron de aparecer.  En el 2004, se publica el libro Confessions of a Economic Hit Man (Confesiones de un Ganster Económico) de John Perkins. En el prefacio el autor dedica el libro a los presidentes Omar Torrijos y Jaime Roldós. “Sus aviones se estrellaron, pero no se trató de ningún accidente -decía el autor-, sino de asesinatos motivados por la oposición de ambos a la cofradía de dirigentes empresariales, gubernamentales y financieros que persiguen un imperio mundial”.[3]

Con la muerte de Roldós, asume el gobierno el vicepresidente democratacristiano Oswaldo Hurtado. El 22 de septiembe de 1982 los trabajadores, estudiantes y pobladores salieron a las calles ante el llamado del Frente Unitario de Trabajadores (FUT) a la huelga nacional. La policía y el ejército enfrentaron con violencia a los manifestantes. La agitación social continuó. Un mes después, el 21 de Octubre, tras un mes de movilizaciones, las centrales sindicales convocan al Paro Nacional del Pueblo, ante el alza de precios de la gasolina, la eliminación de los subsidios al trigo, el aumento de las tarifas del transporte urbano y la creación de nuevos impuestos. El FUT y la Unión Nacional de Educadores (UNE) se tomaron las calles. Patricio Ycaza, historiador del movimiento obrero, dice en su libro: “Hurtado, que presuntuosamente había dicho que las centrales sindi­cales no representan ni el 5 por ciento del electorado”, apeló a la Ley de Seguridad Nacional de la dictadura y decretó el Estado de Emergencia para enfrentar la protesta.[4] Con ello, suspendió las garantías constitucionales y declaró el toque de queda desde las 22:00 hasta las 06:00 horas del día siguiente. Sin duda, el carácter represivo del gobierno de Hurtado, evidenciaba el cambio de estilo. Fui parte del torrente que se pronunció en contra del gobierno de Hurtado en las calles, esta vez como estudiante universitario. Las Fuerzas Armadas tomaron el control de espacios y de los servicios públicos. Las jornadas del 18 al 21 de octubre se expresaron en multitudinarias marchas que recorrieron Quito y otras ciudades del país. Se llegó a hablar de recambio constitucional de Hurtado, que en caso de hacerse efectivo le hubiera correspondido a otro Roldós, uno bastante diferente al que perdió la vida el 24 de mayo. Hubo varios manifestantes asesinados (Raul Córdova Romo, Patricio Altamirano Vaca, Marlon Castillo Mora), heridos de bala y centenares de detenidos. Hurtado se ensañó con el pueblo.

El 23 de marzo de 1983 volvió a enfrentar el rechazo popular. Era ya el momento del sometimiento a las políticas de ajuste y estabilización del Fondo Monetario Internacional. El primer salvataje a los empresarios privados deudores de bancos internacionales, con la “sucretización” de la deuda externa privada. El camino sin fin de las devaluaciones de la moneda, que culminó en enero de 2000, con otro gobierno democratacristiano, el de Jamil Mahuad, que después de devaluar en 300 % la moneda nacional, dolarizó la economía.

Cuarenta años después del retorno democrático, poco antes de los aciagos días de octubre de 2019, cuando el gobierno de Lenín Moreno, traicionando el programa con el que ganó las elecciones, eliminó los subsidios a los combustibles y reprimió violentamente las manifestaciones populares en su contra, se publicó una biografía de Oswaldo Hurtado escrita por Nick Mills, quien fue asesor de Hurtado, con una segunda parte que incluye relatos del propio Ex Presidente. En esta, el Presidente que sucedió a Roldós tras su muerte, hace afirmaciones que falsean la verdad. Dice que la comisión parlamentaria que investigó el caso en 1982 descartó que el siniestro hubiera sido causado por un atentado. Dice además que los expertos de la policía suiza que analizaron algunas partes del avión siniestrado concluyeron que en el percance del avión presidencial “no intervinieron acciones delictuosas”. Hace especulaciones sobre el gusto de Roldós por la velocidad. Habla de la peligrosidad del vuelo debida al mal clima en aquel día. Cuenta que le contaron que el piloto dibujaba atajos en un mapa mientras desayunaba. Llega a decir que alguien habría dicho que el piloto dijo “por aquí cortaré camino”.[5]

Estas afirmaciones le valieron una contundente réplica por parte de Santiago Roldós, hijo del Presidente.

Las conclusiones de la comisión parlamentaria, que fueron aprobadas por la Cámara Nacional de Representantes, señalan que “el siniestro no pudo ser sino causado por una de tres posibilidades: falla mecánica, falla humana o sabotaje”. Hay que recordar que estas conclusiones contradecían “el informe de la Junta Investigadora de Accidentes de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (JIA), según la cual habría sido el piloto, el coronel Marco Andrade, quien habría causado la tragedia al equivocar el rumbo de la nave”.[6] El informe de la policía de Zurich, a diferencia del relato que pretende Hurtado que le creamos, en esta época de fake news, es muy claro. “El motor examinado no se encontraba en funcionamiento en el momento del choque en tierra”. Este testimonio del señor Kurt Zollinger, director del departamento forense de la Policía de Zúrich, en referencia al informe de 1982 elaborado por el doctor Jacob Meier, perito responsbale del mismo y antiguo director del departamento, consta en la película documental dirigida por Manolo Sarmiento, asi como en la aclaración que le hace a Hurtado en su artículo “En busca de la causa de la causa inmediata”, publicado por la revista digital GK.

El Ecuador se merece la verdad sobre la muerte de uno de sus hijos más prominentes. Igual que se merece la verdad sobre otros casos vergonzosos en época reciente. No se merece, en cambio, la manipulación de la historia para pretender construir relatos ficticios y especulativos. No la manipulación de los hechos a partir de la creación de corrientes de opinión para provocar emociones donde aquellos pierden su importancia. No el emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, para hacer encajar un relato con esquemas mentales manipulados por el mensaje que repiten los grandes medios. La verdad.

A cuarenta años de la muerte de Roldós, no podemos resignarnos a la obscuridad que han lanzado sobre ella. Especulaciones, como las de Hurtado en su nota autobiográfica, pueden ser cobijadas por el nuevo bloque en el gobierno del que él, sus aliados y herederos son parte. Sin embargo, los ecuatorianos nos merecemos la verdad y debemos exigirla. Se lo merece el Presidente cuya corta magistratura, apenas veintidos meses, contrasta con el gigantesco y decisivo impacto que tuvo en la historia nacional.

¡Cuán lejana esa gradeza de la tragedia caricaturezca con la que está culminando el actual periodo presidencial!

¡Cuán lejano ese gigante, con la miniatura actual!

Cuarenta años después siguen retumbando en nuestra memoria sus palabras en este país amazónico, “desde siempre y hasta siempre”.


[1]              Operación Cóndor. 40 años Después, Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, Editado por la Dirección Nacional del Sistema Argentino de Información Jurídica. Editorial Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Buenos Aires, octubre de 2015, p. 87.

[2]              https://www.youtube.com/watch?v=KKdVqymOrSM

[3]              Ver, Perkins, John, Confesiones de un Gánster Económico. La Cara Oculta del Imperialismo Norteamericano, Ediciones Urano S.A., Barcelona, 2005, p. 9.

[4]              Ycaza, Patricio, Historia del Movimiento Obrero. Segunda Parte. De la influencia de la táctica del Frente Popular a las luchas del FUTP, CEDIME, Quito, 1991, p. 279.

[5]              Ver, Sarmiento, Manolo, “En busca de la causa de la causa inmediata. A propósito de las afirmaciones del expresidente Osvaldo Hurtado sobre la muerte de Jaime Roldós Aguilera en el libro ‘Osvaldo Hurtado visto por sus contemporáneos’”, Revista GK, 2 de junio del 2020. https://gk.city/2020/06/02/causa-inmediata-muerte-roldos-hurtado/

[6]              Ibidem.

Por Editor