Haciendo ouija en la República del Agua Tibia

Política|

Estefan Vinueza                  

Sesión uno

Haciendo Ouija para los vivos que están muertos mientras invoco a los muertos que no pueden estar más vivos. Despotrico a intervalos, entre un café, la acera, el trámite y cualquier cosa. Porque quizá es imposible estar todo el tiempo en la nota exacta, en el sonido sin “hiss” o en la idea más elaborada del concepto acertado y su sentido intersectado con otros, que en resonancia amplificada se relatan.  

Se vuelve irresistible caer en la crónica noticiosa de la pútrida localidad patriótica y revolver, no solo el estómago, sino el relato que pretende, en apóstasis tecnocrática, la verdad objetiva de una realidad dispuesta desde lo post real. Sin embargo, emerge el entramado que entreteje todos los tiempos, la urdimbre de aquellas almas en blanco y negro de este pueblo, que antes de cualquier noción nacionalista como en un anhelo Nietcheano, gesta la identidad en la pulsión estética del conflicto, dando forma desde lo musical a la política; un plasma continental que impregna mi ADN.

En mi reflexión más socio-histórica de pos-desayuno: debuta la mañana en el eco de las pisadas cabalgantes del Jinete Insomne de Scorza, que acercándose, marca el compás de la legión de la memoria, y me pregunto: si no seremos todos contenidos en él, que obsesionados, vivos y muertos advertimos signos extraños en el agua, en el aire, en la normalidad asumida de cívica amnesia y auto complacencia ciudadana envuelta en una rara extrañeza de sabor neutro.

Esos, nosotros, todos los que venimos a invocar las voces que resuenan, cada vez más fuertes, con el bombeo cardíaco que olfatea la indiferencia esquizofrénica de la figuración mediática incrustada en los oídos del electorado de moda.

¿Oyes el diapasón del corazón? Oye en su nota múltiple el estrépito de los que fueron y de los que son./ Mis hermanos de todas las centurias reconocen en mí su pausa igual, sus mismas quejas y sus propias furias. Soy la fronda parlante en que se mece el pecho germinal del bardo druida con la selva por diosa y por querida, así suena la voz del poeta López Velarde en esta mañana espiritista al son de su corazón que se desprende, en resonancia, para sacudir las orejas del síndrome de academia adquirido al servicio de la magazine programativa.

Otorgar solemnidad al caos es obsecuencia funcional, digo yo, mirando este tiempo en el cual la tecno política se viste transparente y la literatura, desde su mausoleo de aspiración editorial, no sabe para quién trabaja. Pero Manuel lo sabía, pienso, Manuel Scorza el segundo en llegar a tomar un café frente a esta mesa circular sobre la cual yace un tablero de Ouija con diseño sur continental. Posamos las manos sobre la lupa móvil señalando en movimiento el laberinto de las letras de los tiempos y las palabras que nunca fueron letras entre la selva y la montaña, entre la iglesia y el dialecto del humus del lenguaje.

Apenas Scorza posa su dedo sobre el tablero deja de ser invisible para los vivos, los que aún no están muertos: “Garabombo el  invisible”, el hombre al que nadie quería ver porque nadie quería escuchar sus terribles reclamos acerca de las masacres y desigualdades del sin tiempo que encierra el derecho a la tierra campesina, el mismo que se convertiría en el revolucionario invisible.

Como en un holograma matutino, también toma lugar en esta mesa el Nictálope: aquel caso extraño entre la ficción y la realidad política que denuncia, desde el mito, masacres campesinas en la década del sesenta andino. El que logró a través del eco universal de una novela: “Redoble por Rancas” liberarse de su condena injusta de 21 años de prisión, en una cárcel perdida en la Amazonía peruana. La presión de la literatura sobre un hecho de la realidad política se plasmó mediante una orden del presidente Velasco Alvarado y en complicidad histórica con su autor literario, que en persona lo liberó. https://www.youtube.com/watch?v=wSAubBLge1s

Raimundo Herrera “el jinete insomne”, que completa esta triada, afirma que no son solo 250 años que cabalgó midiendo sus tierras para demostrar el derecho comunitario de su gente a ellas, como en la novela, sino que aquella empresa errante continúa desafiando a esa política reducida a la representación y las instituciones del Estado, esa que será desbordada por siempre desde lo político que sí encarna el anhelo y la necesidad colectiva de lograr lo imposible.

Pongo mi atención otra vez en el acontecer programativo para tratar de sacar algún elemento de análisis y me encuentro con todo sampliado, retaceado en el refrito post-neo cualquier cosa, “pónme like” del frenesí clase media del titulaje. La batalla es de ideas dicen, y de malas ideas digo yo: slogans, líneas discursivas, frases hechas. Lo cierto es que cualquier aspiración altruista está fuera de moda entre recovecos pos-estructuralistas.

Descabezados deambulamos por las veredas apuradas, chapoteamos en la “insoportable levedad del ser” de la compartimentalización de las causas y segmentación del mercado con su respectiva ley, organización no gubernamental, día internacional otorgado y re tuiteado, su derecho consagrado y consigna. Tod@s normalizad@s desde el consumo nos asentamos en el sentido común del derecho a la propiedad.

La brújula de la Ouija se ha detenido bajo las miradas cómplices entre mis contertulios y yo, esta vez con el retumbar potente de estas letras: Yo tiraría a la basura el noventa por ciento de las obras sociológicas y guardaría la novelística. Nadie pintó mejor Brasil que Euclydes da Cunha en Los Sertones y Gilberto Freire en Casa Grande y Senzala. Nadie enseñó tanto sobre Bahía como Jorge Amado”. Y también: “¿Qué sería Inglaterra sin Shakespeare?; es Darcy Ribeiro, que nos trae oxígeno burlándose del complejo de superioridad, que asimilado por el discurso académico colonizador, busca obscurecer al lenguaje. Aquella conciencia enlatada que denunciaba Oswald de Andrade en su manifiesto antropófago, y contra la que había que luchar, se ha tomado todos los espacios, nos alerta.  

El negro Pitum nunca fue sujeto político del siglo XXI, ahora está endeudado, se ha dejado una discreta melena y va vestido de pragmatismo monetarista, en el mejor de los casos, luchando por causas nobles del “buenismo” democrático. Sin embargo, a la utopía salvaje, la que está afuera del marketing, como si en el post siglo XX fuera posible, Luka Prodam llega y le dice: … Un tornado arrasó a mi ciudad a mi jardín primitivo… un tornado arrasó a Tú ciudad a tu jardín primitivo… pero no… mejor no hablar de ciertas cosas…  https://www.youtube.com/watch?v=-hGUyebsf60