Pandemia en su “sutil” cotidianidad

Jhomayra Gavilanes|

El Coronavirus ha sido discutido mundialmente, sobre todo por una escalofriante sospecha de interés económico, ya que posiblemente se encuentra patentado. La empresa Pirbright Institute, miembro del Consejo de investigación de Biotecnología del Reino Unido, el 23 de julio del 2014, presentó una solicitud de patente, y habría sido aprobada en EE.UU. el 20 de noviembre del 2018.
Una vez más el mundo es sometido a una estrategia del poder, que durante décadas reconoce al cuerpo como una realidad biopolítica, así como a la medicina una estrategia biopolítica. El interés económico como siempre detrás de cualquier acontecimiento de orden mundial, maquinando subpolítica que estructura la acción política, altera el orden y la economía.
Actualmente surge una gran pregunta: ¿es posible crear un virus? Las epidemias causadas por virus surgen desde hace 12000 años atrás en el periodo neolítico (que divide a la Edad de la Piedra), cuando seres humanos desarrollaron comunidades agrícolas altamente pobladas. Más tarde los virus fueron llevados al “Nuevo Mundo” por los europeos durante las épocas de las conquistas española y portuguesa. Millones de indígenas murieron.
Ahora, se publicó un artículo en la revista X, año 2015, sobre una investigación un virus llamado SHC014, la evidencia sugiere que venía de murciélagos en China; a razón de “contención” los investigadores crearon un virus quimérico, compuesto por una proteína de superficie SHC014 y la estructura de SARS que fue probada en ratones para imitar una enfermedad humana.
En el 2013, investigadores informaron de la capacidad del SHC014 de unirse al receptor humano, factor distinto a todas las sepas de coronavirus. El estudio dirigido por los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., a la cabeza de Ralph Baric. como director; en el mismo año la fuente sugiere se emitió un alertar desde el Instituto Pasteur de París, por el virólogo Simón Wain anunciando que los investigadores habían creado un virus “que crece notablemente” y que “si el virus se escapa no se podrá predecir la trayectoria”.
A partir de este momento -2013- surge un debate entre la ciencia, la defensa y la política, sobre el permitir o no la investigación en laboratorio que aumenta la facilidad de propagación, virulencia u otra gama de asociados peligrosos para el ser humano. A esta gran investigación y debate se la llama: “ganancia de función”.
“Ganancia de función” propone un extenso análisis sobre los virus emergentes y reemergentes, al tratarse de investigaciones en laboratorios ajenos a órganos competentes de la salud pública, operados desde lógicas de empresas contratistas que ejecutan negocios opuestos al bien común. Laboratorios que han tenido “escapes” de consecuencias muy graves.
La carrera de las armas biológicas no es un hecho reciente, recordemos el virus de la gripe de 1918; el SARS que ha escapado de laboratorios, virus con patentes y el cartel de las armas biológicas. Evidentemente existe una escalada de armas biológicas que ofrecen mejor resultados que las armas nucleares, desde la Convención de Armas Biológicas se ha creado una carrera desmedida de armas biológicas; en la primera fase se crea da la creación del arma química o virus emergente y por otro lado una vacuna obligada a financiar una carrera armamentista.
Nuevas tácticas de neocolonización más letales y latentes, una inminente evolución intervencionista, planes de seguridad anclados a intereses distantes a las necesidades regionales, agendas de investigación en laboratorio ajenas al bienestar de la sociedad mundial. En América Latina y el Caribe a pesar de la creación de la Comisión Preparatoria para la desnuclearización de América Latina, organismo permanente, para la vigilancia del cumplimiento del tratado. “El Tratado de Tlatelolco” con objetivo consolidar un mundo de paz, para la supervivencia de los pueblos, contribuyendo a lo resuelto por la Asamblea General de las Naciones Unidas, bajo el número 1911; las renovaciones de los debates de seguridad son urgentes y romper con las limitaciones en el enfoque clásico. A falta de un organismo multilateral como lo fue Unasur, no queda más una respuesta contundentemente desde el Estado y Nación a las dinámicas de las nuevas amenazas emergentes.
El deber ético de los actuales líderes y autoridades regionales será reconocer los errores e imponer en la sociedad el derecho a saber el significado real de estar seguros, lejos de un disfraz implementado por intereses ajenos u opuestos al bienestar de la sociedad. Finalmente, invito a reflexionar sobre el derecho a rechazar la desvalorización de la vida humana como una mercancía.