Romo y Roldán pagaron el costo de gobernar sin legitimidad y sin votos.

Alexis Moncayo|

Ya no viene al caso hablar de quienes preocupados por las frecuentes crisis de gobernabilidad en los 90 y a inicios del nuevo siglo, se preguntaban: ¿quién jodió al país? Esa gente no existe más. No viene tampoco al caso referirnos a su trajinar de banda en banda en la política, porque quienes los conocen o identifican -sobre todo en las redes sociales- saben bien de sus ambigüedades y soltura a la hora de deambular por las organizaciones, movimientos, partidos, alianzas o gobiernos.

En marzo de 2017 días antes de la segunda vuelta, cuando ya no eran Ruptura sino que habían decido vestirse de “naranja”, María Paula Romo, muy elocuente y llena de argumentos, decía en cada entrevista que votaría por Guillermo Lasso a pesar de las ‘distancias ideológicas’ (entonces nadie sabía que tres años más tarde ella iría a la casa del banquero a recibir órdenes) y que 10 años de Revolución Ciudadana eran suficientes, que había que terminar con la forma “correísta” de hacer política. Para entonces las dos únicas victorias electorales que registra Romo en su carrera fueron precisamente bajo la bandera del correísmo: en 2007 cuando llegó a Montecristi para la Asamblea Constituyente y en 2009 a la Asamblea Nacional lo hizo por Alianza Pais. Después la historia cambiaría, por eso tal vez la urgencia de cambiar esa forma de hacer política.

Entre marzo y septiembre de 2018 los ex Ruptura y para entonces también ex socialdemócratas Juan Sebastián Roldán y Romo, se integran al gobierno de Moreno; el uno como su Secretario particular y la más experimentada como Ministra del Interior. Los dos, ese momento, eran ya figuras políticas venidas a menos, que sobrevivían gracias a las invitaciones de uno que otro medio de comunicación que de vez en cuando llenaba las agendas con su participación. Eso sí, Romo había manejado muy bien su relación con los medios lo cual a la hora de ejercer el cargo fue vital, porque esos medios encubrieron toda la represión policial de octubre de 2019, durante las protestas contra las medidas económicas neoliberales del gobierno.

Esos medios también les sirvieron en buena medida para amplificar la persecución contra detractores, analistas, periodistas, actores políticos a los que habían montado seguimientos con sus equipos de “inteligencia”, un juego de complicidad que salía a la luz también cuando lanzaban campañas de desprestigio contra miembros de gabinete de los cuales querían deshacerse como ocurrió con una ex Ministra de Salud.

Pero lo increíble de todo esto es la forma en la que Moreno fue transformando en hechos una frase que marcó el destino de su gobierno, cuando dijo que empezaba a odiar un poco más a quienes votaron por él, entonces supongo que en ese instante se dijo a sí mismo: voy a gobernar con y por quienes no votaron por mí.

Sin haber logrado un solo voto ni, Romo ni Roldán escalaron tanto en la pugna interna que lograron deshacerse al menos, en apariencia, de uno de los cuadros más cercanos a Moreno, era uno de sus estrategas, financistas, compañeros de parranda y cantata Santiago Cuesta, quien además construyó la imagen de quien podría ser la carta electoral de Moreno y un grupo de aliados suyos en 2021, Otto Sonnenholzner.

Otto finalmente se fue después de un año y medio en el poder, renuncia tras haber usado estratégica y políticamente el manejo de la emergencia sanitaria, concretado esto los medios se desdoblaron en análisis que daban como la elegida a reemplazar a Sonnenholzner a María Paula, seguramente les ganó más el deseo y las ansias, tal vez en la misma medida que a la implicada quien encabezó la terna enviada por Moreno a la Asamblea.

Es indudable, el Presidente ponía en la lista a dos de sus funcionarios más cercanos, pero al mismo tiempo a quienes no gozan de la confianza ciudadana. La terna puso de manifiesto, una vez más, la desconexión que existe entre el “mandatario” y la gente. Romo representa el rostro más duro y crudo de octubre, el de la represión, el de los 11 muertos, el de los miles de heridos y detenidos.

De lo poco que se conoce hasta ahora, Romo es la única funcionaria del gobierno vinculada o al menos mencionada en los diálogos del famoso “reparto”, en los que están siendo investigados un grupo de legisladores como Daniel Mendoza y Eliseo Azuero, ambos operadores políticos en el parlamento y que fueron utilitarios para bloquear procesos de fiscalización en contra de Romo y del mismo Moreno en el caso INAPapers, así como para la aprobación de leyes impopulares como la de “apoyo humanitario” que ha provocado miles de despidos durante la pandemia.

El rechazo contra Romo y Roldán es tan potente en el contexto nacional que la Asamblea, esa que parecía la tenían controlada con los “repartos” y amedrentada con allanamientos de última hora, se rebeló y decidió elegir a María A. Muñoz, una Vicepresidente que como a Otto, nadie conocía, 75 asambleístas evitaron el desastre, y que la elección de Romo no entre por el Ministerio de la Ley o en términos coloquiales impidieron que se meta por la ventana.

La paupérrima votación alcanzada por Romo y Roldán (juntos no superan los 48 de 137 votos) sirvió únicamente para la sorna en redes sociales y para que sus más fieles aplaudidores se inventen la teoría de la jugada maestra del ajedrez, también objeto de burlas.

Así son las ambiciones. Quien se creía la mujer más poderosa del país ve muy cerca el fin de su carrera política si es que alguna vez la tuvo. Roldán sigue sin existir. Y quien emergió ya con poder, la nueva Vicepresidenta, veremos si sigue dispuesta a hacerse selfies, pues la lealtad no es precisamente una de las virtudes de este gobierno. En fin, les restan ya menos de 10 meses que para el pueblo resultarán “toda una vida”.